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  • Ps. Ulises Villamans

El valor de la discrepancia en la organización



La jerarquía ha sido durante muchísimos siglos una de las principales formas de organización humana. Al margen de si somos simpatizantes o no de esta forma de organización, deberíamos al menos concederle el crédito de habernos llevado tan lejos durante tanto tiempo. Gracias a la jerarquía se han levantado naciones, escuelas de filosofía y ciencias de todo tipo. También es cierto que debido a la jerarquía se han librado guerras interminables y se han cometido crímenes horrendos.

La jerarquía ha establecido a lo largo de casi toda nuestra historia como especie, las bases de lo que entendemos como una relación de poder. El hecho de que nuestras organizaciones e instituciones se comporten de manera jerárquica nos ha llevado a replicar ese orden en todos los planos de nuestra existencia e incluso, en esa institución tan difusa que es la sociedad en sí misma, en ella también establecemos la jerarquía. No está de más recordar el hecho de que también tendemos a pensar de manera jerárquica y lo naturalizamos completamente. Asumimos la jerarquía detrás o en el fondo de todas las cosas.

Pero hoy nos estamos acercando al que podría llegar a ser el desafío más grande en la historia de nuestra especie: un ritmo de cambios acelerados a nivel exponencial, es decir, el advenimiento de problemas complejos y emergentes. Dicho en otras palabras: problemas que son tan complejos, multicausales, variables, caóticos y ambiguos, que es prácticamente una necedad intentar solucionarlos mediante jerarquía. De pronto, una de las principales herramientas que hemos tenido como humanidad, no nos sirve en absoluto. ¿Encontraremos nuevas herramientas o nos hundiremos como el Titanic en el océano Atlántico, tocando la misma melodía de siempre?



Nunca los fenómenos emergentes y la llamada inteligencia de enjambre habían sido tan importantes como ahora. Como psicólogo organizacional, me esmero en estudiar estos fenómenos y en recabar toda información posible para que la mayor cantidad de grupos humanos puedan generar estas dinámicas, aportando valor a sus organizaciones y a la sociedad.

En base a lo anterior, quisiera compartir con ustedes un aprendizaje desde mi experiencia con estos temas: cultivar un entorno que posibilite la discrepancia será fundamental para la evolución de las organizaciones. Gran parte de la herencia de la jerarquía es la idea de que la discrepancia equivale a conflicto. De hecho, hemos sacralizado el consenso a niveles tan enfermizos, que la cantidad de veces que callamos o cedemos en el trabajo para no ocasionar un conflicto o que la otra persona lo vea como un ataque personal, es directamente proporcional al capital de innovación que estamos perdiendo.

En especies con sistemas sociales jerárquicos, como en nuestros parientes los chimpancés, la discrepancia equivale a desafiar al macho alfa a un duelo a muerte ya que en esos sistemas, que tienen problemas evolutivos más predecibles, el valor de la supervivencia depende de “estar alineados con una sola visión”. Si cada chimpancé hiciera lo que le da la gana probablemente el grupo no sobreviviría. Para ellos, la supervivencia está ligada a la obediencia. Pero en el caso humano, nuestros problemas o desafíos evolutivos no son en absoluto predecibles. En nuestro caso, alinearnos en torno a una visión usualmente está relacionado con la creación de sistemas totalitarios que al final del día no pueden ofrecer respuestas a los problemas complejos del presente y el futuro (cambio climático, genética y educación desde casa, por solo citar algunos).

Si seguimos silenciando nuestras discrepancias entonces que no nos extrañe hacer reuniones de innovación y terminar haciendo siempre lo mismo. Es cierto, la discrepancia incomoda, puede suscitar ofensas, genera mutaciones e incluso, en muchas ocasiones, los primeros resultados de la discrepancia son un desconcierto, una cacofonía, una orquesta desafinada o una incomodidad general (no descartemos ciertos miedos enquistados en nuestra especie, que también forma parte de los primates por cierto). Pero todo esto nos hace bien. Como seres humanos tenemos que adaptarnos para evolucionar y la discrepancia trae ese potencial refrescante que nos permitirá fluir con lo desconocido.

Existen técnicas para generar contextos de discrepancia positiva e innovación y de a poco, las iremos perfeccionando cada vez más. Lo que sí puedes comenzar a hacer el día de hoy y sobre todo si estas en un cargo de jefatura es esto: alégrate por la discrepancia. No cultives una cultura en donde todos tienen que estar de acuerdo contigo o entre ellos. Es perfectamente posible que estemos en desacuerdo y que nuestra relación esté a salvo. Esto permitirá que las personas comuniquen de manera auténtica un tipo de información a la cual como jefatura no siempre tendrás acceso: la primera fuente, la información local. Sin esta información, cualquier intento de estrategia queda ciego ante una realidad que se encuentra en permanente movimiento.

Me gustaría cerrar este artículo con dos preguntas de continuidad, con el propósito de que podamos abrir y multiplicar conversaciones discrepantes sobre este tema ¿Es acaso posible innovar sin discrepancia? ¿Se puede acaso canalizar inteligencia emergente sin información de primera fuente, local y en tiempo real?



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